viernes, 1 de septiembre de 2017

El Guajolote o "Conito"


Los guajolotes o "conitos" como se les llama en las comunidades totonacas son muy valiosos en la actualidad, un animal de granja que era común aun en los años 80´s hoy ya no lo es tanto.
Su costo al publico de un guajolote adulto llega a topar hasta los $1200 pesos, su precio es de $1000.00 pesos si esta gordito.

Estas fotos las tome en Papantla subiendo hacia el parque principal cerca de la terminal de autobuses, donde podemos encontrar desde pan, gallinas, huevo, fruta y por supuestos los "conitos".
Un poco de historia de los guajolotes que varían en su fisonomía un poco el de México con los de los países del Norte.

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---------------------------------------------------------- Considerado por los Mayas como un animal sagrado, el Guajolote (Melagris gallopavo), mejor conocido en tiempos modernos como Pavo, es el único animal doméstico originario del norte del Continente Americano, y fue domesticado por los nativos mexicanos desde épocas prehispánicas. Su nombre mexicano “Guajolote”, proviene del Náhuatl “huexólotl”, que se traduce como “viejo monstruo” o “gran monstruo”, haciendo alusión al gran tamaño del macho y sus exuberantes plumas ornamentales, adornado por una roja y desnuda cabeza, y un trozo de piel que cuelga de su frente, conocido como “moco”. Los mexicas (nativos mexicanos) le relacionaban con el Dios Tezcatlipoca y las deidades del sol y de la vida. Por su parte, en el norte de América, las culturas Apache y Hopi, lo asociaban a prácticas curativas y agrícolas, como un “dador de vida” y partícipe de la creación de la Tierra. Las especies silvestres del Pavo se distribuyen desde el norte de los Estados Unidos hasta el centro de México, aunque en México quedan muy pocos animales silvestres. Diezmadas por la cacería están limitados a las zonas boscosas e inaccesibles del norte, distribuyéndose hacia la parte sur y central de los Estados Unidos, donde su población se encuentra estable. Las especies silvestres del Pavo (Melagris gallopavo) han sido diezmadas por la cacería y quedan muy pocos animales silvestres en México, limitados a las zonas boscosas del norte, distribuyéndose hacia la parte sur y central de los Estados Unidos, donde su población se encuentra estable. Poco conocido en la naturaleza, pero ampliamente conocido como alimento La historia del pavo es bastante curiosa e interesante, pues es un animal que fue “exportado” por los españoles a Europa, y luego “importado” de nuevo como ave de corral por los ingleses en su proceso de colonización de Norteamérica. Todo comenzó con la llegada de los españoles, quienes narraban la abundancia de “gallinas enormes” (como les llamaban entonces) en los distintos asentamientos humanos que visitaban, mencionando su crianza y uso como fuente de alimento. Los españoles decidieron llamarle pavo por su similitud al “pavón”, otra ave nativa de gran tamaño. Poco a poco esta ave fue introducida en España como plato principal de la nobleza, difundiéndose a otros reinos de toda Europa. El nombre del pavo en inglés (Turkey), se le dio porque se creía erróneamente que era un ave procedente de Turquía. La triste vida de un pavo Hasta el siglo XVIII, las aves seguían criándose de forma doméstica y por medios naturales, pero la creciente demanda obligó el desarrollo de nuevos procesos de crianza masiva e industrializada, dando lugar a las técnicas actuales e inhumanas, donde se les cría como un “producto”, hacinados por miles en espacios reducidos, sometidos a alimentos creados a base de fórmulas químicas, hormonas, antibióticos y aditivos artificiales, con la finalidad de mantenerlos sanos y de aumentar su tamaño o para obtener “pechugas” más grandes. Lo que el consumidor final ignora (y el criador y el proveedor omiten) es que al comer carne de pavo criado de forma industrializada, está ingiriendo (sin notarlo) sustancias nocivas para su salud. Crianza tradicional Vs. crianza intensiva En algunos pueblos pequeños de México, con una mayoría indígena o con poco desarrollo urbano, aún se pueden observar tantos guajolotes como gallinas caminando por los caminos y los campos, alimentados con granos y mantenidos en una cómoda libertad, pues son (como las gallinas) animales hogareños y fieles a sus propietarios. Estos animales son vendidos en el mercado a precios verdaderamente bajos, y aún así resulta rentable a las familias que los crían. Curiosamente, en todo el mundo, existe la creciente tendencia a volver a lo tradicional y de pequeña escala, renunciando a la industrialización. Aquellos quienes no renuncian al consumo de carne pero que buscan hacer su parte al consumir “alimentos orgánicos”, están protegiendo no sólo su salud, sino que los animales criados en estas condiciones son tratados acordes a la ética humana y el respeto a los animales, obteniendo así una mejor calidad de vida y resultando ser alimentos de mejor calidad y sabor. México tiene un largo camino por recorrer en cuanto a la comida orgánica, pero cada vez es más común y sencillo encontrar estas opciones. Si bien habrá que pagar unos pocos pesos adicionales, piense en cuánto está usted contribuyendo al fomento de la crianza “hogareña” y no industrializada, además de que ayuda a los productores de bajos recursos y no se olvide de cuántos beneficios obtendrá para su salud. Sería ilógico consumir un producto “dador de vida” que esté lleno de químicos ocultos que pueden poner su vida en riesgo. Fuente: https://relatosdelanaturaleza.org



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